Mi nombre es Diego , y he estado padeciendo fobia social hasta los veinticinco años, además de otros trastornos de ansiedad como la agorafobia y el TOC. Finalmente conseguí superar estos trastornos, y construir una vida en la que soy feliz. En esta página web, trato de plasmar mi experiencia enfocada especialmente en el caso de la fobia social, así como mis reflexiones y conocimientos acerca de la fobia social, que puede llegar a afectar y limitar fuertemente a la gente en todas las facetas de la vida: amistad, relaciones de pareja, trabajo, amor, ocio, y autoestima.


Si tienes fobia social, muy probablemente tienes dificultades para hacer amigos nuevos y crear un vínculo fuerte con ellos, así como dificultades para llegar a encontrar pareja. Probablemente te aterra la idea de tener que hablar en público, incluso aunque sea frente a una audiencia no muy grande como puede ser la clase de la universidad, o en tu oficina.

Tampoco te gustará ser el centro de atención en una fiesta o evento social, y te cuesta sentirte totalmente integrado en un nuevo grupo de gente, como por ejemplo cuando empiezas un nuevo trabajo, o en cualquier otra circunstancia en la que tienes que relacionarte con la gente.



También habrás desarrollado estrategias de evitación, lo que significa intentar evitar en la medida de lo posible todas esas situaciones de interacción social que te generan ese profundo sentimiento de ansiedad o que para ti entrañan un riesgo de ser rechazo. Yo he pasado también por ese tipo de circunstancias, y sé hasta qué punto la fobia social puede arruinar tu vida y hacerte infeliz, o como puede hacerte sentir como un “bicho raro”. Sé por experiencia propia lo que es sentirte solo, y a sentir una insatisfacción en casi todas las áreas de la vida, como por ejemplo a nivel social, sentimental y sexual.


El consejo más importante que existe


El consejo más importante que existe para llegar a superar la fobia social es que busques ayuda profesional, que acudas a una clínica psicológica y empieces a hacer terapia psicológica. Es muy complicado llegar a curarse del todo por uno mismo. En mi caso, a lo largo de mi vida fui a dos psicólogos (en épocas distintas de mi vida cada uno), y los dos me ayudaron a recuperar la felicidad y a ser dueño de mi propia vida.

Incluso me atrevo a decir, que el hecho de conocer al segundo psicólogo, y llevar a cabo la terapia que me planteó, marcó un antes y un después en mi vida. Fue el paso que hizo posible que yo pudiese salir de la situación en la que estaba, y mi reducida zona de confort emocional se expandiera de un modo que nunca antes habría creído posible.

Pero debo advertirte que un profesional te va a enseñar a usar y aplicar las herramientas necesarias para que puedas curarte, pero eres tú quien debes aplicar todo ese aprendizaje a las circunstancias concretas de tu vida. Eres tú quien debes enfrentarte a tus limitaciones y al miedo al rechazo, y eso nadie lo puede hacer por ti.


Transforma el sufrimiento en un aliado.

En mi caso, un elemento fundamental para poder superar el problema fue el profundo dolor sentimental, frustración y soledad que me estaba generando la ansiedad social y los comportamientos de evitación social. Aprendí a usar ese dolor emocional como algo que me diese la fuerza que me permitiese conseguir ese cambio en mi actitud, y en mi comportamiento, que en otras circunstancias tal vez hubiese sido imposible. Fue la necesidad de eliminar ese sufrimiento emocional, lo que me dio el valor necesario para empezar a ir más allá de mi zona de confort emocional.


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Era tal el dolor emocional que este problema estaba generando en mi vida, que asumí que tenía que estar dispuesto a hacer todo lo que hiciese falta hacer para poder conseguir la curación. Y de ese modo, entendí que tenía que estar dispuesto a aceptar la posibilidad de ser rechazado, de no tener la aprobación de los demás, o a que pensasen cosas negativas de mi.

Un concepto totalmente equivocado que albergan muchas personas con fobia social, es la creencia errónea de que existe un tratamiento “milagroso” al cual te sometes y de repente la ansiedad desaparece para siempre, tus miedos desaparecen, y uno se transforma en la mejor versión potencial de sí mismo de la noche a la mañana como “por arte de magia”.

La curación es más bien un proceso lento y progresivo que debe ir de la mano de la ayuda del psicólogo y de mucho trabajo interior. Habitualmente la terapia cognitivo-conductual es la más usada por la mayoría de psicólogos, y con ella, uno consigue una transformación personal. Un proceso que implica un cambio a nivel de creencias limitantes, mediante el cual uno consigue ver la irracionalidad de sus miedos, sus decisiones y comportamientos, y empezar a cambiar la relación que uno tiene con sus propios pensamientos y su propio psiquismo. La terapia consigue un cambio en el modo en que uno se relaciona consigo mismo y con los demás.


Es la hora de ser valientes


Este proceso requiere hacerse consciente de las limitaciones de la percepción, de las “historias mentales fantasiosas que nos cuentan los pensamientos negativos” relacionados con el rechazo, el ridículo, o la burla. Son miedos asociados a situaciones de rechazo imaginario que en realidad solo ocurren en la imaginación de la persona en forma de anticipación mental a una situación determinada. A través de la terapia, uno empieza a adquirir aquellos recursos que le permiten enfrentarse a aquellas situaciones a las que antes de empezar la terapia le resultaba imposible enfrentarse.

De este modo, hay una exposición progresiva y controlada a situaciones, decisiones y comportamientos que están “fuera de la zona de confort emocional”. Con el avance de la terapia, la persona comienza a tener una mayor confianza y seguridad en sí mismo, a adoptar decisiones, comportamientos y actitudes que consiguen que poco a poco su zona de emocional se vaya expandiendo progresivamente.



Hay una frase en forma de dicho popular que plasma esta idea que estoy tratando de expliar. Y es el hecho de que no es más valiente en que menos miedo tiene de todos; sino el que tiene más miedo de todos; y a pesar de ello no deja que ese miedo lo frene.

Es la idea de aprender a actuar a pesar del miedo, hay que entender que a pesar de sentir ansiedad social frente a una situación, podemos llegar a conseguir que esa ansiedad no decida por nosotros. Podemos aprender a hacer algo a pesar del miedo social que ese algo nos genera. Es así como a medida que uno se va enfrentando un día y otro, una y otra vez a ese tipo de situaciones de modo progresivo, la ansiedad y los miedos se van reduciendo y la zona de confort emocional se va ensanchando de forma lenta pero progresiva.